¿Y ahora que sigue?

Semana Santa, sinónimo de campamentos para mí. En mi país El Salvador, el departamento juvenil de las Asambleas de Dios llamado “Embajadores de Cristo”, celebran los campamentos donde multitud de jóvenes se congregan en diversas partes del país. En el 2015 fue muy claro el objetivo: Provocar avivamiento.

Recorrer más de 700 km, a lo largo y ancho de todo el país y tener la oportunidad de ministrar cientos de vidas con una palabra que desafío vidas y confirmó el llamado ministerial de muchos. A raíz de esto recibí un “inbox” que decía lo siguiente: <<Yo sentí ese llamado ¿y ahora que sigue?>>

Con mucho gusto quiero responderte mi querido hermano y a todos aquellos que se encuentran en la misma condición…

Primero… Apegado a la palabra.
Aquellos que tienen, sienten o están seguros del llamado a servir a Dios en el ministerio, deben si o si, apegarse a la palabra de Dios. Insto que leas, escudriñes y compartas la palabra de Dios.
Esta determinación es muy probable que te lleve a estudiar en el instituto bíblico de tu localidad o iglesia. Son tiempos en que las corrientes de doctrinales se mueven sigilosamente y la diversidad de información y criterios puede llevarte a una errónea interpretación bíblica y por efecto en cascada genera una mala aplicación en tu diario vivir; este efecto afectar a quienes te siguen en tu ministerio. Y aunque el llamado ministerial no es solamente predicar, debemos reconocer que es una parte importante en el; pero más que decir palabras desde un púlpito, te enfrentarás en tu vida con situaciones que tienen relación con tu carácter, finanzas, consejería y administración, sin dejar de pasar por alto la familia, y sólo la palabra de Dios harán que tomes las decisiones correctas.

Segundo… Aguanta.
Es normal que la desesperación llegue a tu corazón. Eso no es malo; el problema sería caer en tal sentimiento. Debemos traer a colación la vida del Rey David… momento… ¿Rey? Si, !claro! Pero, ¿Cuánto tiempo tardó en llegar al trono? Uff… Y ni se nos ocurra hablar de lo que vivió para llegar al trono. Otro factor que no debemos omitir de la vida de David, es cuando llegó al trono y “gobernara” Israel, no fue sentarse en una silla de oro y tener servidores a la orden. El trono le trajo “MÁS RESPONSABILIDAD”. Lo mismo sucede en cuanto al llamado ministerial, vivir en el ministerio es Responsabilidad.

“Las batallas pequeñas te preparan para las grandes”.

“Al que Dios llama lo capacita”. Estoy de acuerdo con ello, pero estoy seguro que aquellos ministros que ya que poseen un bagaje de capacitación previa por mínima que sea, tienen menor probabilidad de equivocarse, estos ministros pueden ser más objetivos y demostrar una efectividad en sus metas. Permite que Dios moldee, forme y construya en ti.

Aguanta… la lucha por la santidad. Debes aprender a servir desde lo que parece pequeño o insignificante y valorar este tiempo; no pretendas llegar al trono sino obedeces a tus autoridades. No pretendas llevar a la santidad a otros si tu no luchas por ella en tu vida y por ultimo recuerda: “Las batallas pequeñas te preparan para las grandes”. Aguanta.

Dios te ha llamado… deja que el abra las puertas en el momento y espera las circunstancias adecuadas… no te apresures.

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